Usar pirotécnicos NO es bacán Usar pirotécnicos NO es bacán
29/12/2016

Hace algunos años recibía el Año Nuevo con mi familia en una playa del Sur. A la medianoche estábamos todos juntos en la terraza brindando y mirando fascinados un impresionante espectáculo de luces de colores, aunque con ciertos sobresaltos por la explosión de cohetones y fuegos artificiales. Como nosotros, muchos otros hacían lo mismo hasta que el aire se volvió irrespirable y los ojos ardían obligando a todos a buscar refugio dentro de la casa.

Pero hubo un hecho que en ese momento me pareció algo tonto y exagerado. En medio de la celebración recuerdo haber visto a Valeria, una de mis sobrinas (por entonces una niña), mirar al cielo y llorar desconsolada. Cuando le pregunté las razones de su pena me respondió con voz quebrada: me da pena la contaminación. Traté de consolarla diciendo que no pasaba nada, que no era para tanto. Pasados los años, solo me siento muy estúpida cuando recuerdo la escena y mi poca sensibilidad, no solo por su tristeza sino por mi enorme ignorancia.

Lo cierto y concreto es que la pirotecnia contamina. Estudios científicos señalan que los fuegos artificiales contienen agentes oxidantes, metales pesados y aerosoles sólidos que tras el estallido generan partículas y microorganismos que permanecen en el aire y la tierra por días o meses provocando daños en el ecosistema y en nuestra salud. Los más vulnerables son los niños y ancianos quienes podrían sufrir afecciones a las vías respiratorias, la tiroides y hasta accidentes cardiovasculares.

En las recientes celebraciones por Navidad, la contaminación en Lima se elevó tres veces según datos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, Senamhi. Y lo más probable es que en Año Nuevo se incremente siete veces si consideramos que además de los pirotécnicos tenemos la pésima costumbre de quemar muñecos y hasta muebles viejos provocando densas humaredas cargadas de polvo, tierra, hollín y líquidos que ingresan a nuestro organismo.

Pero hay más. Está demostrado que el uso de pirotécnicos afectan seriamente a las personas con autismo llegando a convertirse en un verdadero suplicio para ellos. El trastorno del espectro autista es una condición neurológica que afecta el comportamiento, la interacción, comunicación y el aprendizaje. Exponerlos a una experiencia sensorial extrema como la explosión de los pirotécnicos eleva, en los autistas, el nivel de cortisol en la sangre ocasionando una cruel y gran perturbación.

Del mismo modo, la explosión de pirotécnicos genera daños severos en animales como perros y gatos. El miedo y el estrés son de tal nivel que se sienten aterrorizados, babean, se mueven de un lado a otro, gimen, escarban, tratan de escapar y experimentan taquicardias. En suma, sufren y pueden hasta morir de un infarto.

Finalmente, todos los años vemos en los medios de comunicación noticias sobre niños mutilados por la manipulación de estos artefactos o incendios provocados por pirotécnicos. Por donde miremos no hay razón alguna para exponernos ni exponer al resto, existen muchas otras formas de diversión que no conlleven riesgos. Se trata de respeto por nosotros mismos, por los semejantes, por los otros seres vivos y por la naturaleza que nos sustenta. Si Valeria vuelve a llorar cuando vea los fuegos artificiales, esta vez lloraré con ella.